miércoles, 8 de febrero de 2012

LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE

                                                                                  Almendro en flor (van Gogh)


Ocurrió el miércoles 1° de febrero en Starbuck Coffee (Coronel Díaz y Mansilla) donde desde el año pasado coordino Talleres de Narrativa los miércoles a las 11 y 30 horas. Durante las vacaciones mis alumnas habían visitado la página “De árboles y letras” que tenemos Rafa Sirvén y yo. Comenzaron las preguntas y los comentarios. Fue entonces cuando empecé a hablar acerca de la inolvidable obra teatral del español Alejandro Casona “Los árboles mueren de pie”. Stella recordó la película argentina protagonizada por Amalia Sánchez Ariño.

Del texto dramático elegí la declaración de la admirable abuela cuando al final de la obra declara:

     “Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie como un árbol”.

De allí surgió la consigna para escribir.

A continuación comparto con ustedes el texto de Stella: “La Dignidad del árbol”

Ana María Cabrera

La dignidad del árbol

         Seres que perciben nuestros sentimientos y que intentan una comunicación constante con nuestras almas, son los árboles.
        
Sensibles a toda vibración emocional permanecen inmóviles aceptando las inclemencias del tiempo y de los hombres, con dignidad. Brindan su amor incondicional con la sombra, la belleza de su verdor, la flor y el fruto que alimentan el espíritu y el cuerpo.
        
El abrazo a un árbol, experiencia poco conocida, nos brinda la descarga energética más poderosa que podemos recibir. Misteriosa es la palabra que nos da en retribución a esa caricia. Digo palabra, porque es como si vibrara en las tres frecuencias del lenguaje… vibración de su savia, de las células de su tronco y de su raíz…”Paz”.
        
¡Cómo cambia en cada estación! Pareciera adoptar diferentes personalidades; pero no, sigue siendo el mismo en esencia…, cada vez más grande, más generoso, más sabio.
        
La dignidad de los árboles representa a la misma naturaleza sintetizada en cada uno de ellos. Sobreviven misteriosamente al irrespeto, a la indiferencia y al atropello, fortaleciéndose en su constante enseñanza que algún día lograremos aprender.
                                                                                    Stela Noguera de F.


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